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Octubre 2007
Empresas con corazón | Empresas con corazón |
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| martes, 30 de octubre de 2007 | ||||||
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“Money, money...” cantaban Sally Bowles y el Maestro de Ceremonias en el Kit Kat Club de Cabaret. Aunque nunca hizo cabaret, que se sepa, el premio Nóbel de Economía Milton Friedman siempre compartió una visión próxima al estribillo que Liza Minelli entonaba sobre el escenario del tugurio berlinés recreado por Bob Fosse. Para el ilustre representante de la Escuela de Chicago, la única responsabilidad social de una empresa es pagar el mayor dividendo posible (money, money..) a sus accionistas. Afortunadamente hoy en día, además de velar por su prosperidad financiera, muchas empresas demuestran tener corazón mostrándose socialmente responsables. Así lo entienden Aleix Calveras y Juan José Ganuza, de las universidades de las Islas Baleares y Pompeu Fabra, que en su trabajo ‘Responsabilidad Social Corporativa. Una Visión desde la Teoría Económica’ afirman que frente al planteamiento tradicional que ve a la empresa como a una organización cuyo objetivo es maximizar los beneficios, actualmente está ganando terreno una visión que conlleva “un comportamiento socialmente responsable”. Calveras y Ganuza engloban en esta corriente a aquellas sociedades mercantiles que no se preocupan solamente de incrementar sus ganancias, sino que además tienen en cuenta el impacto de sus decisiones y estrategias sobre la propia empresa, los trabajadores, los clientes o la comunidad local en la que actúan. ![]() Entre los ejemplos citados por Aleix Calveras y Juan José Ganuza se encuentra empresas que tienen un comportamiento muy cooperativo tanto con proveedores como con los trabajadores; o las que ayudan a sus proveedores a financiar cambios tecnológicos; o las que invierten en una formación generalista para sus trabajadores; o las que mejoran sistemáticamente los programas de conciliación de la vida profesional y familiar. Durante una visita a España en 2005 para asistir al V Foro de la Empresa Responsable y Sostenible, el padre la teoría de los stakeholders, Edward Freeman, afirmó que "el capitalismo es el mejor sistema para resolver problemas sociales siempre y cuando este sistema se interprete de forma correcta". Porque, según Freeman, si bien la empresa es propiedad de los accionistas, no menos cierto es que también existen empleados, proveedores, consumidores, clientes y una comunidad que la sociedad mercantil se debe con responsabilidad. Entre otras cuestiones, Freeman defiende que tradicionalmente existe una tendencia social a favorecer a los stakeholders --término con el bautizó en 1984 a quienes puede afectar o son afectados por las actividades de una empresa--. De hecho, considera que esta tendencia social favorable a los stakeholders puede percibirse en los privilegios que las leyes han ido concediendo a trabajadores, consumidores o vecinos... Prueba de ello es que hoy en día las empresas no sólo se ocupan y preocupan por sus accionistas; también tienen muy en cuenta a su comunidad. De hecho, como advierten Alberto Lafuente, Ramón Pueyo y Víctor Visuales en un trabajo conjunto, es perfectamente perceptible que “un número creciente de ahorradores europeos no desea que en sus carteras de acciones, intermediadas por fondos de inversión o de pensiones, vayan empresas que violen sistemáticamente la legislación medioambiental, desarrollen políticas de personal discriminatorias o adopten conductas depredatorias en las comunidades sociales donde operan”. Marta de la Cuesta González, profesora titular de la Economía Aplicada de la Facultad de Económicas y Empresariales de la UNED, incide en esa idea cuando señala que “además del capital financiero y de los activos tangibles, las empresas cuentan con un capital social, humano e intelectual al que hay que prestar atención para poder obtener el máximo retorno a los recursos utilizados con una visión de largo plazo. Cada vez más, los empleados, los accionistas y los clientes valoran esos activos intangibles difíciles de comercializar y que constituyen la reputación externa y la cultura interna de la empresa”. ¿En qué consiste esa responsabilidad social? Para la Dirección General de Empresa de la Comisión Europea, “la responsabilidad empresarial consiste básicamente en conservar el éxito económico y obtener una ventaja competitiva creándose una buena reputación y ganándose la confianza de las personas que trabajan para la empresa o viven cerca de ella. Los clientes quieren tener proveedores fiables reconocidos por la calidad de sus productos y servicios. Los proveedores desean vender a un cliente que compre de forma continuada y pague puntualmente. La comunidad desea saber que la empresa actúa de una forma social y medioambiental consecuente. Y, por último, los trabajadores desean estar en una empresa de la que puedan estar orgullosos y que valora su contribución”. Y en esta corriente no solo se encuentran las que cotizan en los mercados financieros internacionales sometidas al escrutinio de los inversores y en cuyo capital participan instituciones cada vez más preocupados por la responsabilidad social corporativa. Las autoridades europeas observan una conexión directa entre un negocio próspero y rentable y el bienestar de la comunidad que lo rodea. Por eso, en este sentido advierten que “muchos de los pequeños negocios son vitales para su comunidad y tienen una activa implicación en las aspiraciones y actividades del lugar. Dichas empresas se benefician de cuestiones como unas valiosas relaciones personales y vínculos con otras empresas de la zona; una mayor aceptación y estima con el cliente; una mejor reputación empresarial; o una mejor contratación y retención del personal. Pero un buen vecino no es sólo el que muestra respecto por sus semejantes, algo que se debe dar por supuesto. Además, deberá apoyar a la comunidad en que desarrolla su actividad con iniciativas que beneficien a la colectividad, como el patrocinio o la dedicación de tiempo y experiencia. Desde participar en iniciativas culturales, educativas o deportivas a colaborar en proyectos sociales. Por eso, una de las características básicas de la empresa responsable y sostenible es su apertura hacia el entorno, afrontando un diálogo abierto, honesto y fluido con su comunidad para conocer sus necesidades, opiniones, ilusiones. De esta forma, generará conocimiento y confianza. Y crecerá con la fuerza de su corazón.
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